Fuente: http://wineruda.blogsome.com/2007/03/25/307/
Había una vez un niño que se convirtió en “el muchacho que quería ser periodista”: luego, adulto, fue “el periodista” y al final se convirtió en “el marido de Vanna”. Toda esa vida transcurre persiguiendo a las mujeres, buscando su afecto, aunque sólo consiguiera, la mayor parte de las veces, que fuera él mismo el que diera el afecto, o el dinero, o la pena, o produjera el desinterés interesado por parte de las cientos de prostitutas que alquiló o compró, en su carrera sin fin, su vuelo sin pausas, de mariposa que liba de aquí a allá , sin quedarse en ninguna flor, pero queriendo quedarse en todas.
Cada prostituta era una esperanza de encontrar algo que ni él siquiera sabía que era o la ocasión de llegar al final de su recorrido, de haber encontrado el final del camino. El periodista cree haberla encontrado en Camboya, como también pensó que en Thailandia, pero seguro al fin que Vanna, la prostituta camboyana de actitud sincera, es la mujer con la que viajará por el mundo, a la que educara y dará su amor, deja que el mundo siga girando, con él dentro, pero con un sueño en sus espaldas, una grata sensación de utilidad, de tener un ser amado y amante.
Un niño al que defienden las niñas, un periodista que recorre junto a un fotógrafo todos los prostíbulos de Thailandia y Camboya, de cualquier lugar a donde su trabajo le llevara, es la linea principal por las que discurre el libro, las lineas secundarias transcurren , por países torturados, muertos sin fin y sin causa, gente que sobrevive a la supervivencia, que no llora por que no sirve para nada, donde el SIDA recorre cada noche y cada día , uno a uno esos antros que pululan en los vecindarios llenos de humedad y de ratas o los elegantes hoteles sucios por dentro donde las camas blancas están llenas de nada. Por sitios donde se vive a pesar de todo…